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«Están buscando los restos de nuestros compañeros, esto es muy fuerte»

Y trae a colación un recuerdo muy reciente. «Yo ayudé a subir a nuestro carro al bombero Elier Correa. Venía todo cubierto de petróleo, embarrado por completo y ni siquiera podía abrir los ojos

Matanzas.- «Sí, no te preocupes, ya me afeité y me puse crema en la lesión de la cara», le decía a su esposa por teléfono a media mañana de este viernes, acodado en la tubería que delimita el acceso a la batería de tanques devastada por el siniestro.

Al notar nuestra presencia, cambió un tanto el tono de la voz. «Mi mujer quiere venir hasta el Comando a traerme ropa fresca, pero le dije que de eso nada», se defendió. 

Su nombre es Yoamel Santana Perdomo, rescatista del Comando Uno de Matanzas. Su carro, asegura, fue el segundo en llegar el viernes en la tarde noche al lugar del incendio en la Base de Supertanqueros.         

«Pude escapar de varias explosiones, pero otros de mis compañeros no corrieron con la misma suerte», confiesa al tiempo que dirige la mirada hacia los tanques arruinados por las llamas, donde el 12 de agosto  inició una labor de dimensiones extraordinarias a cargo de un equipo de expertos cubanos.

Inició rescate de los cuerpos desaparecidos en desastre de la Base de Supertanqueros (+Video) «Están buscando los restos de nuestros compañeros, esto es muy fuerte».

Y trae a colación un recuerdo muy reciente. «Yo ayudé a subir a nuestro carro al bombero Elier Correa. Venía todo cubierto de petróleo, embarrado por completo y ni siquiera podía abrir los ojos.

«Ya estaba a unos 300 metros de la explosión, y no me explico cómo logró llegar hasta allí, quizás porque tenía la adrenalina a full . Venía subiendo una cresta, cuanto mi compañero lo reconoció. Estaba tambaleándose, y en cuanto lo pusimos dentro del camión, pidió un teléfono para llamar a su mamá».

‘Denme un teléfono, dénmelo, nos reclamaba’. «Pero nosotros no teníamos el celular en ese momento. No chico, no, sé positivo, no va a pasar nada, fue lo único que se me ocurrió decirle».

El fuego en la Base de Supertanqueros ya está extinguido, no se divisa peligro, pero las horas del viernes han sido las más difíciles de estas dramáticas jornadas.

Varios de los rescatistas observan el episodio desde una prudencial distancia. Todos están pendientes de lo que sucede en el sitio donde el incendio sepultó los cuerpos de aquellos valientes. Es el instante más duro. Se niegan a aceptarlo. Darían cualquier cosa por cambiar los hechos.

La certeza de las vidas salvadas es el único alivio.

En sus rostros se refleja el respeto y la admiración por sus compañeros, capaces de sobreponerse al mayor de los peligros por salvar la vida de los demás. 

Yoamel, quien también participó en las labores de rescate en el hotel Saratoga, muestra la foto de pantalla de su celular. «Miren, este es mi hijo, tiene 13 años de edad, y creo que heredó el carácter de su padre; lo estoy preparando para que sea un buen rescatista».

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